viernes, 23 de abril de 2010

Something stupid

Por las noches la vida se vuelve nublada, oscura. Las farolas alumbran lo justo, incluso algunas se apagan antes de pasar junto a ellas. Pero no me preocupa, yo voy a lo mío.

Estass noches hay más gente de lo habitual. Los garitos se llenan de gente harta de la semana, de sus trabajos, del hastío de permanecer parado. Salen en busca de algo que los despierte, o no. A lo mejor sólo necesitan narcotizar sus sueños, encontrar un abrazo nocturno, un poco de amor ocasional. No me importa, yo voy a lo mío.

Cuando me acabo la birra pienso en el trabajo. No puede ser complicado matar a alguien borracho, provocar una pelea y dar un navajazo bien dirigido. Me da asco, pero no es complicado.

Ahí está, en la barra, calzándose un whisky cola, el rey de los cócteles, el hijo bastardo de los camareros, la noche loca de los cuarentones. Me mira a los ojos, pero no me reconoce. No tiene  por que hacerlo, está borracho y sus ojos vidriosos no le permiten ver más allá de la rubia que tiene enfrente. Paso a su lado, con la navaja en la mano, abierta y afilada como la boca de un cronista del corazón. Finjo tropezar y el filo atraviesa la carne provocando un dolor no más fuerte que el deun pinchazo. Casi ni se ha dado cuenta.

Cuando abandono el local, me pregunto por que lo he hecho. Imagino que por 20.000 euros. Sale bastante barato pagar a un matón para cargarse a tu exmarido.

1 comentario:

RATO dijo...

No esta mal relato. A ver si te animas a escribir alguno más.

Un abrazo,

RATO